El agua, fuente de hidratación

27/12/2018
El agua, fuente de hidratación

¡Ya está aquí! La Navidad lo ha invadido todo, aunque no viene sola: a los balances de fin de año se le suman los festines, comilonas, brindis, atracones y algún que otro exceso relacionado con el alcohol. Y es ahí donde hay que enfocar la atención. No es necesario que las fiestas sean siempre sinónimo de excesos. El cambio está a nuestro alcance y el primer paso podría ser reemplazar los carbohidratos por frutas; azúcares por verduras y, definitivamente, alcohol por agua. Tu estómago, tu hígado, tu cabeza y tu humor te lo agradecerán al final del día.

La ecuación no tiene secretos: beber agua en lugar de alcohol da como resultado una digestión muchísimo más simple y menos pesada. ¿Cómo funciona? Es muy sencillo: el agua ayuda a diluir los nutrientes de los alimentos y a eliminar más rápidamente las sustancias de desecho a través de la sangre y orina. Ten en cuenta también que el agua no tiene calorías, ni grasas ni aumenta el colesterol; es decir que a todas las calorías de más que se hayan podido ingerir en las comidas y celebraciones navideñas, no le sumamos ninguna caloría más con la bebida.

Una buena hidratación te permitirá siempre sentirte mejor, ya que el organismo necesita del agua para mantener sus funciones vitales en correcto funcionamiento.

El 60% de nuestro peso corporal está compuesto por agua y pierde alrededor de 2,5 litros diarios respirando, sudando y poniendo en marcha el aparato excretor (orina y heces). Al no tener la capacidad de almacenarla, es fundamental restituir la cantidad de agua cada día, para mantener así el equilibrio hídrico del organismo.

El agua cumple un papel destacado en el organismo:

  • Composición de los músculos
  • Regulación de la temperatura corporal
  • Lubricación de las articulaciones y mucosas del tracto digestivo y genitourinario.
  • Calma la sed, sacia el estómago, depura el organismo de cualquier exceso y ayuda a digerir con mayor facilidad.

Por el contrario, no beber la cantidad de agua suficiente puede provocar malestar físico y mental, mareos, fatiga e incluso confusión. El alcohol que bebemos pasa rápidamente al torrente sanguíneo, y a parte de la sensación de desinhibición que proporciona, también deshidrata, disminuye la frecuencia respiratoria, la frecuencia cardíaca y el buen funcionamiento del cerebro. Estos efectos pueden aparecer al cabo de 10 minutos y pueden alcanzar su punto máximo alrededor de 40 a 60 minutos tras la ingesta; es decir, llega rápido y permanece en la sangre durante mucho más tiempo, hasta que el hígado lo descompone. Y cuando se bebe alcohol más rápido de lo que el hígado lo puede descomponer, este nivel se eleva más.

Por todo ello es recomendable incluir siempre agua en las comidas. Aun cuando estemos de fiesta, celebrando la nochebuena, o despidiendo el año, debemos seguir bebiendo agua. Tampoco se trata de renunciar totalmente a las tentaciones navideñas, se trata de llegar a un equilibrio para poder disfrutar de las fiestas sin que el organismo sufra demasiado.

Se pueden tomar bebidas con gas, si se prefiere. Aunque puede provocar hinchazón, las burbujas aportan mayor saciedad. Y además, su ácido carbónico estimula la secreción de jugos gástricos, facilitando la digestión. O puedes agregarle frutas (¡no hace falta azúcar!) para darle sabor y tener así distintas variedades. Prueba con aromáticas, como tomillo o hierbabuena y combinándolas a su vez con limón y lima, pepino y kiwi, hielos de frutas o bien, cáscara de pomelo, naranja o limón.

 

¡Beber de 2 a 3 litros diarios de agua permite salir del período de fiestas casi ileso!