Lo que hay que saber de la esclerosis múltiple

29/05/2019
Esclerosis múltiple

La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad neurológica, crónica, autoinmune, de causa desconocida, que afecta al sistema nervioso central (SNC). Es una de las patologías más comunes que ataca al cerebro y a la médula espinal, y se estima que la padecen unos 47.000 españoles.

Se trata de una enfermedad que daña la estructura que envuelve y protege las fibras nerviosas (mielina), y altera la capacidad de los nervios para conducir impulsos eléctricos, desde y hacia el cerebro. No es hereditaria, ni mortal, ni contagiosa.

De acuerdo con el grado de la lesión generada, la falta de comunicación entre las neuronas puede ser transitoria cuando dura un período de tiempo y después se recupera (brote), o puede ser permanente.

Si bien no incide en la expectativa de vida de las personas que la padecen, la esclerosis múltiple es muy discapacitante, sobre todo en el adulto joven, ya que afecta a la vida personal, familiar, social y económica. La mayoría de los casos aparecen entre los 18 y 35 años, y las mujeres tienen tres veces más riesgo de padecerla que los hombres.

¿Cuáles son las causas?

Todavía se desconocen las causas, pero hay algunos indicios de la existencia de factores genéticos que generan una predisposición a padecer la enfermedad, aunque no es determinante. También existen factores ambientales, por ejemplo, es más propensa en climas más templados que en climas tropicales.

Síntomas de la esclerosis múltiple

Por tratarse de una enfermedad muy variable, los pacientes pueden tener diversos síntomas según las áreas del sistema nervioso central afectadas y la magnitud del brote. Estos episodios pueden durar días, semanas o meses, y después continuar con períodos de reducción o ausencia de síntomas (remisiones). También pueden presentarse de forma progresiva. Hay factores como la fiebre, los baños calientes, la exposición al sol y el estrés que pueden desencadenar o empeorar los brotes.

 

Síntomas más comunes:

Síntomas musculares,  de equilibrio y coordinación

 Fatiga.

 Pérdida del equilibrio.

 Entumecimiento.

 Problemas para mover los brazos y las piernas,  y para caminar.

 Descoordinación en los movimientos.

 Temblor y debilidad en uno o ambos brazos o piernas.

Síntomas vesicales e intestinales

 Estreñimiento.

 Micciones frecuentes y/o urgentes.

 Incontinencia urinaria.

Síntomas oculares

 Visión doble, borrosa.

 Movimientos oculares rápidos e incontrolables.

Entumecimiento, hormigueo o dolor

 Dolor muscular y dolor facial.

 Espasmos musculares dolorosos.

 Sensación de picazón, hormigueo o ardor en brazos y piernas.

Otros síntomas cerebrales y neurológicos

 Disminución del período de atención, de la capacidad de discernir y pérdida de memoria.

 Dificultad para razonar y resolver problemas.

 Depresión. 

 Vértigo y mareos.

Síntomas del habla y de la deglución

 Lenguaje mal articulado o difícil de entender.

 Habla lenta.

 Problemas para masticar y deglutir.

 

Si se identifican de manera precoz, muchos de estos síntomas son manejables y se pueden solucionar mediante una combinación de tratamientos.

Tipos de esclerosis múltiple

  • Remitente-recurrente: Es la más frecuente y afecta a más del 80% de las personas con esclerosis múltiple. En las fases iniciales puede no haber síntomas, a veces incluso durante varios años. Los brotes son imprevisibles y pueden aparecer síntomas en cualquier momento.
  • Progresiva secundaria: Ocurre cuando el grado de discapacidad persiste o empeora entre los brotes. Entre un 30 y un 50% de los pacientes que sufren inicialmente la forma recurrente de la esclerosis múltiple, desarrollan la forma secundaria progresiva. Se caracteriza por una progresión continua con remisiones poco importantes y fases de estabilidad.
  • Progresiva primaria: Es la menos frecuente y solo afecta al 10% de todos los pacientes con esclerosis múltiple. Se caracteriza por la ausencia de brotes definidos, pero hay un comienzo lento y un empeoramiento constante de los síntomas sin un período intermedio de remisión. No hay períodos de remisión, solo fases de estabilidad ocasionales y mejorías pasajeras poco importantes.
  • Progresiva redicivante: Es una forma atípica, en la que hay progresión desde el comienzo, pero los pacientes tienen brotes agudos claros, con o sin recuperación completa. Los períodos entre brotes se caracterizan por una progresión continua.

Diagnóstico de la esclerosis múltiple

Si se tiene la sospecha de padecer esclerosis múltiple, hay que acudir a un neurólogo. No existe ninguna prueba médica que pueda confirmar la enfermedad con total seguridad. La secuencia para llegar a un diagnóstico sería:

  1. Evaluación de la historia clínica, los síntomas y el estado general.
  2. Análisis de sangre y del líquido cefalorraquídeo para excluir otras enfermedades que pueden producir lesiones en el SNC. En el líquido cefalorraquídeo pueden encontrarse además datos de inflamación y activación del sistema inmune, que apoyan el diagnóstico.
  3. Resonancia magnética. Para observar si hay lesiones (placas) en el cerebro o la médula espinal, con o sin datos de inflamación.
  4. Potenciales evocados. Evalúan el estado de distintas vías nerviosas como la visual, la sensitiva y la auditiva, para valorar si hay una disminución en el flujo de mensajes eléctricos en el cerebro.

Tratamiento de la esclerosis múltiple

Aunque todavía no tiene cura, hay tratamientos complementarios que controlan la enfermedad, reduciendo la cantidad e intensidad de brotes y disminuyendo la progresión de la discapacidad. Además, hay alternativas que ayudan a calmar muchos de sus síntomas.

Tratamientos modificadores de la enfermedad: Tienen como fin prevenir o reducir el número de brotes en la esclerosis múltiple recurrente y disminuir la discapacidad resultante de la enfermedad. Son medicamentos con principios activos como el interferón beta 1b, interferón beta 1a y acetato de glatiramero, y se aplican mediante inyecciones. Si la persona no responde a estos fármacos, existen otros tratamientos como natalizumab (mediante infusión intravenosa cada cuatro semanas) o fingolimod (una terapia oral).

Tratamiento de los síntomas: todos los síntomas repercuten en la calidad de vida de las personas y hay varias alternativas.

  • Fisioterapia: los ejercicios de estiramiento y de fortalecimiento sirven para mantenerse activo y facilitar las tareas cotidianas. Un andador puede ayudar a controlar la debilidad de las piernas.
  • Relajantes musculares. El baclofeno y la tizanidina sirven para combatir la rigidez o los espasmos musculares, específicamente en las piernas.
  • Otros síntomas. Hay medicamentos que pueden ser administrados en casos de depresión, dolor, disfunción sexual o problemas para controlar la vejiga o el intestino.

Tratamiento de los brotes: las consecuencias de los brotes suelen ser duras, incluyen síntomas como debilidad en uno o varios miembros, desequilibrio, pérdida de visión, visión doble. El médico puede recetar corticoides para que la recuperación sea más rápida. Durante los brotes, es preferible mantener reposo.

Otros tratamientos: Entre ellos se encuentran la azatioprina, ciclofosfamida, metotrexato y la mitoxantrona, que actúan inhibiendo la división celular. Se dirigen al sistema inmunológico y son útiles para las personas con esclerosis múltiple de avance rápido o con esclerosis múltiple recurrente con una alta tasa de recaída.