Ictus cerebral: conocerlo puede ayudarte a salvar una vida

04/10/2018

¿Sabías que, según la Federación Española del Ictus, cada 6 minutos se produce un ictus en España? Lo fundamental en esta enfermedad es la rapidez con la que se aplica el tratamiento médico; de ello pueden depender las secuelas que quedarán, e incluso las probabilidades de supervivencia. Por eso, es importante que todos estemos familiarizados con la forma en que se presenta esta enfermedad. Conocer los signos y actuar rápido puede salvar una vida.

Ictus cerebral

El ictus o “accidente cerebrovascular” (ACV) ocurre cuando el flujo sanguíneo a una zona del cerebro se interrumpe bruscamente. Esto puede ocurrir por dos motivos:

  • Debido a un taponamiento de una arteria cerebral por un coágulo o una placa de ateroma, en cuyo caso hablamos de ictus isquémico. Es el tipo más frecuente.
  • Por una hemorragia o derrame cerebral que ocurre cuando se debilita y rompe una arteria cerebral. En este caso, hablamos de ictus hemorrágico.

Al interrumpirse el flujo sanguíneo, las neuronas afectadas padecen una isquemia (falta de riego sanguíneo,) y, como consecuencia, una hipoxia (falta de oxigenación), lo que las puede llevar a morir. Si esto ocurre, las funciones que se dan en la zona del cerebro afectada pueden perderse. Por ejemplo, si se tapona la arteria que irriga la zona del cerebro donde se coordinan los movimientos, la persona pierde de repente la capacidad de andar. Por fortuna, si se actúa con rapidez, el flujo de sangre puede normalizarse y salvar la mayor parte del tejido cerebral afectado.

Si ves estos signos, ¡actúa con rapidez!

El ictus aparece repentinamente, en cualquier situación y momento. Es vital actuar con rapidez para conseguir que los daños en el cerebro sean mínimos e incluso salvar una vida. Estos son algunos de los síntomas con los que te puedes encontrar:

  • Pérdida repentina de fuerza o tono muscular (se queda “lacio”) en una parte de la cara, un brazo, una pierna o uno de los lados del cuerpo entero.
  • Pérdida súbita de la visión.
  • Alteración repentina del habla o la capacidad de entender lo que le dicen.
  • Dolor de cabeza muy intenso que se inicia súbitamente y sin causa aparente.
  • Sensación de vértigo intenso, desequilibrio o caída brusca sin causa aparente.

Si observas alguno de estos síntomas en alguien de tu entorno, no lo dudes: llama rápidamente al teléfono de emergencias y explícales la situación.

Tratamiento del ictus

Lo primero que necesitan determinar los médicos cuando atienden a un paciente de ictus, es si se debe a un coágulo o a una hemorragia. En el primer caso, administrarán fármacos que deshagan el coágulo; en el segundo caso, es posible que la persona requiera cirugía para extraer la sangre vertida en el cerebro.

Una vez se supera esta fase, lo siguiente es tener mucha paciencia. La recuperación puede ser lenta y posiblemente el paciente necesitará rehabilitación durante mucho tiempo.

Consecuencias del ictus cerebral

Las secuelas que queden dependerán de la rapidez con la que se haya actuado, la zona del cerebro afectada y la edad del enfermo. Se calcula que aproximadamente el 40% de las personas que han padecido un ictus pueden valerse por sí mismas una vez se han recuperado.

Las secuelas más graves del ictus incluyen discapacidad, parálisis, trastornos del habla y déficits cognitivos.

El ictus no es solo cosa de ancianos

Las personas con más de 55 años tienen más riesgo de padecer un accidente cerebrovascular. Sin embargo, eso no significa que los más jóvenes no tengan riesgo alguno: cualquiera puede tener un ictus, desde los bebés recién nacidos hasta los más ancianos.

No obstante, hay que tener en cuenta que la mayor parte de los ictus se deben a causas evitables con un estilo de vida saludable.

¿Se puede prevenir el ictus?

El ictus es una enfermedad muy imprevisible, sin embargo, se puede reducir mucho el riesgo de padecerlo: